¿Quién soy?

mayo 25, 2018
Supongo que lo primero que debo hacer, querido/a lector/a, es darte la bienvenida y las gracias por estar aquí. Si estás leyendo esto será porque te interesa saber un poquito más de mí. Y no te culpo —¡faltaría más!—, pero me pones en un verdadero aprieto porque nunca se me han dado bien las presentaciones. Aún así, y como sé que esto es necesario, echo las manos al teclado para contarte que:

Soy un malagueño viviendo en Madrid esperando llegar al cielo... Entre tanto, me enamoro de lo que se respira en cada una de las calles de esta ciudad —aunque a veces lleve un tufillo a contaminación.

Actúo, escribo, cuento cuentos, comunico, gestiono cultura... Y también me encantaría cantar, pero creo que por mucho que lo pida a los Reyes eso jamás va a llegar. Aunque tengo claro que algún día tendré mi propio grupo de música —por soñar que no quede, ¿no?

Me llamo Carlos porque el mejor amigo de mi hermano en la guardería se llamaba así. Y si piensas hacer algún chiste fácil con mis apellidos... llegas tarde.

Tengo más libros de los que jamás podré leer... pero aún así sigo acumulando. ¿Sabías que a esto lo llaman tsundoku?

En mi salón tengo un cuadro de Audrey Hepburn que me custodia, me vigila y me regaña cuando no trabajo.

Publiqué una micronovela a media tinta con Cristina Salas Rojo que se llama Marta a medianoche, con el que ganamos el Premio Nacional de Micronovela Mitad Doble.

Yo quiero ser una chica Almodóvar.

«Lo esencial es invisible a los ojos». Me hubiese encantado que esta frase tan maravillosa fuera mía, pero salió de la cabeza de Antoine de Saint-Exupéry cuando escribió El Principito.

Esto me está quedando en forma de lista y no quería que fuera así.

No me gustan las fotos.

Mi mascota es un zorro de peluche que se llama Foxy. De vez en cuanto se pasa por mi Instagram a saludar.

Escribo para buscar y (re)encontrar.


Este blog es un diario abierto donde vomitar, soñar, imaginar... ¿Me acompañas?

EXPERIENCIAS | Cómo volar y no morir en el intento

diciembre 01, 2017

¿Alguna vez has soñado con volar? Pues te voy a poner un poquito los dientes largos: yo lo he conseguido. ¿Y cómo te quedarías si te digo que tú también puedes? ¡Prometo que estoy sobrio y no me estoy quedando contigo! La respuesta está en Hurricane Factory, que nos invitó a otros tres blogueros (Déborah F. Muñoz, María Orgaz y Alfonso Zamora) y a mí a probar la experiencia de volar en su túnel de viento que, dicho sea de paso, es uno de los más grandes de Europa y se encuentra en Sambyl Outlet Madrid.

Fly me to the moon...

Vale, hasta la Luna no vas a llegar, pero unos metros sobre el suelo sí. El pack básico se divide en dos pases de minuto y medio que, aunque parezca poco, se exprimen al máximo.

Yo para este tipo de cosas soy lanzado, pero tengo que admitir que una vez visto el percal te entra una mezcla de miedo y nerviosismo. Aunque parezca que no, le tengo aprecio a mi cuerpo. ¡Pero tranquilos!, no hay de qué preocuparse. Durante toda la experiencia un instructor te acompañará, y antes de volar te dan unas instrucciones básicas para que no te rompas la crisma o llegues hasta el infinito y más allá... Y vale, esto lo digo para meter miedo. Es más sencillo de lo que parece y apenas corres riesgos. Una vez superada esta masterclass te toca convertirte en un Teletubbie: mono, gafas protectoras, tapones para los oídos y cascos. Seguridad, seas bienvenida.

Antes de entrar los instructores nos dieron el gusto de hacer un show en el túnel que nos dejó a todos con la barbilla por los suelos. Oye, que en el telediario cuando hace viento sale la gente agarrándose a las farolas para no salir volando y las barbaridades que hacen estos señores, que parece que nacieron con un ventilador de frente.


Volando voy...

Y llegó el momento. Entras en el túnel con el instructor y únicamente tienes que relajarte y seguir sus indicaciones... El resto no sé cómo explicarlo, creo que estaba un poco colocado de adrenalina. Eso sí, uno de los momentos más guays es cuando el instructor te agarra y salís los dos volando muy, muy, muy alto. ¡Melena al viento!

Como podéis comprobar, durante el vuelo también aprovechan para sacarte algunas fotos. Eso sí, cuanto antes asumas que no vas a salir bien mejor para todos. Para muestra, un botón.


¡Nos vemos por los aires!

RELATO | El señor de rojo

febrero 26, 2017

Daniel, un niño de siete años, bajó las escaleras de su casa como cualquier otro fin de semana. Al llegar al salón, frente a la chimenea apagada, encontró a un señor de rojo. El señor de rojo había calculado que a aquella hora estarían todos durmiendo. Encontrarse con Daniel no entraba en sus planes.

—¿Papá Noël? —preguntó el pequeño Daniel sin llegar a creer lo que veía.

El señor de rojo se puso un dedo en los labios para hacer callar al niño.

Pero qué extraño… ¿qué hacía Papá Noël en casa del pequeño Daniel un sábado de agosto?

Menuda se armó en el vecindario cuando aparecieron las cuatro patrullas de policía.

RELATO | Camino a la fama

enero 21, 2017

Y allí estaba el autor, delante del escritorio y con el reloj marcando las cuatro de la madrugada. No apartaba la mirada de la pantalla ni un segundo. La cabeza le daba vueltas, pero tenía que continuar. Aquella novela que aún habitaba en un documento Word debía ser la más leída del país. Claro que lo sería: era su autobiografía.

La gente cuestionaba al autor cuando iba gritando a los cuatro vientos que iba a escribir un best-seller. Al fin y al cabo, él solo era un panadero del barrio de Vallecas.

«Solo interesan las biografías de los que están muertos», le dijeron una vez. Así que cuando el escritor-panadero puso la palabra FIN en la última línea del documento y se lo envió al primo de un amigo, que era editor, disparó contra su propia cabeza.

Al fin y al cabo sólo interesan las biografías de los muertos, ¿verdad?

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@soycarlosmesa