Supongo que lo primero que debo hacer, querido/a lector/a, es darte la bienvenida y las gracias por estar aquí. Si estás leyendo esto será porque te interesa saber un poquito más de mí. Y no te culpo —¡faltaría más!—, pero me pones en un verdadero aprieto porque nunca se me han dado bien las presentaciones. Aún así, y como sé que esto es necesario, echo las manos al teclado para contarte que:

Soy un malagueño viviendo en Madrid esperando llegar al cielo... Entre tanto, me enamoro de lo que se respira en cada una de las calles de esta ciudad —aunque a veces lleve un tufillo a contaminación.

Actúo, escribo, cuento cuentos, comunico, gestiono cultura... Y también me encantaría cantar, pero creo que por mucho que lo pida a los Reyes eso jamás va a llegar. Aunque tengo claro que algún día tendré mi propio grupo de música —por soñar que no quede, ¿no?

Me llamo Carlos porque el mejor amigo de mi hermano en la guardería se llamaba así. Y si piensas hacer algún chiste fácil con mis apellidos... llegas tarde.

Tengo más libros de los que jamás podré leer... pero aún así sigo acumulando. ¿Sabías que a esto lo llaman tsundoku?

En mi salón tengo un cuadro de Audrey Hepburn que me custodia, me vigila y me regaña cuando no trabajo.

Publiqué una micronovela a media tinta con Cristina Salas Rojo que se llama Marta a medianoche, con el que ganamos el Premio Nacional de Micronovela Mitad Doble.

Yo quiero ser una chica Almodóvar.

«Lo esencial es invisible a los ojos». Me hubiese encantado que esta frase tan maravillosa fuera mía, pero salió de la cabeza de Antoine de Saint-Exupéry cuando escribió El Principito.

Esto me está quedando en forma de lista y no quería que fuera así.

No me gustan las fotos.

Mi mascota es un zorro de peluche que se llama Foxy. De vez en cuanto se pasa por mi Instagram a saludar.

Escribo para buscar y (re)encontrar.


Este blog es un diario abierto donde vomitar, soñar, imaginar... ¿Me acompañas?