Apuntes de hamburguesa y soledad


El restaurante está casi vacío. Yo estoy sentado solo a una mesa. Observo. Mientras le doy algún mordisco distraído a mi hamburguesa hago tiempo porque he quedado algo más tarde con una amiga.

Algunos niños se me han acercado curiosos. No sé si porque me han visto solo o porque mi camisa esta noche es demasiado llamativa. La madre ha tenido que llamarles la atención desde la lejanía, mientras esconde en sus palabras cierta vergüenza ante la actitud curiosa de los críos.

Al otro lado del local una señora mayor llega con su hija. La mujer ayuda a sentarse a su santa madre y baja a la planta inferior a hacer el pedido. Maldito autoservicio que deja abandonada a la gente. La mujer aprovecha su silenciosa soledad para perder su vista a través de una ventana. Quiero abrazarla. En parte porque las personas mayores me dan mucha ternura. En parte porque está sola.

Una de mis mejores amigas acaba de coger un autobús destino país amigo. No nos separan tantos kilómetros, pero odio hablar por teléfono. Añádele que ella es otro tanto de lo mismo y obtendrás un resultado de silencio.

La hija de la señora mayor adorable ha vuelto con tres niños, que a su paso también me miran curiosos. Sí, creo que es esta maldita camisa. Me encanta.