RELATO | Camino a la fama



Y allí estaba el autor, delante del escritorio y con el reloj marcando las cuatro de la madrugada. No apartaba la mirada de la pantalla ni un segundo. La cabeza le daba vueltas, pero tenía que continuar. Aquella novela que aún tenía la etiqueta de «proyecto» debería ser la más leída del país. Claro que lo sería: era su autobiografía.

La gente cuestionaba al autor cuando iba gritando a los cuatro vientos que iba a escribir un best-seller. Al fin y al cabo, él solo era un panadero del barrio de Vallecas.

«Solo interesan las biografías de los que están muertos», le dijeron una vez. Así que cuando el escritor-panadero puso la palabra FIN en la última línea del documento y se lo envió al primo de un amigo, que era editor, disparó contra su propia cabeza.

Al fin y al cabo sólo interesan las biografías de los muertos, ¿verdad?

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